lunes 10 de agosto de 2009

Cuando otro mundo duerme... tus cuenta un cuento



Érase una vez una pequeña niña, que nació muy lejos de aquí, allí en Abla, que como cualquier otro niño de su edad tenía sueños.

La diferencia, entre sus ilusiones y las de muchos otros pequeños como ella, estaba en el material con que se fabricaban esos sueños. Para unos eran de cartón, para otros de metal, para otros era una mezcla de varios y para ella eran de aire. De aire porque no sabía cómo llamar ese tipo de material, podía ser un sentimiento, una sonrisa, un abrazo o una sensación.

Al crecer se dio cuenta de que no iba a ser tarea fácil, la ola de su sociedad era muy fuerte y para saltarla o pasarla buceando, habría de ser ágil, habría de ser capaz de aguantar la respiración en algunos momentos y en otros, soportar el cansancio de nadar. Era una chica de montaña que aprendió a nadar en una balsa. Allí no hay olas ni tempestades.

A medida que iba avanzando, notaba que se cansaba menos, que sabía controlar la respiración, incluso debajo del agua, que podía tocar el suelo desde el aire, que su lucha iba amainando e iban apareciendo agradables sentimientos, sonrisas más duraderas, abrazos inesperados y sensaciones inexplicables.

Un día se sentó, en su pequeño rincón, muy lejos de Abla, donde por primera vez lo pensó y reconoció ese sueño dentro, en el latido de su corazón, en el gesto de sus labios y en el tono de su voz. Ya sabía que ese sueño duraría para siempre y nadie se lo podría arrebatar.

Aún hay sueños que están por llegar,
intentará reconocerlos para no dejarlos escapar.
¡Felices sueños!


2 trota-mundos:

Nefer dijo...

Qué bonito es soñar y que esos sueños se hagan realidad... espero que los tuyos se sigan cumpliendo.

Besillos

Tus-mundos dijo...

Es precioso, Nefer, y lo bueno es que los sueños están más cerca de lo que imaginamos.
Gracias por tus palabras, yo también deseo que sientas los tuyos con los cinco sentidos, en vivo y en directo. Todo llega, es cuestión de tiempo y un poco de esfuerzo.
Un besote