

Después de descubrir Rusia y vivir en ella creí que estaría chupado vivir en Inglaterra y con su gente. Sorprendentemente me ha llevado tiempo entenderlos y aprender a llevarlos.
La similitud "cultural", la cercanía geográfica, la "comunidad europea" no tienen por qué indicar facilidad, compatibilidad, entendimiento.
Ese pueblito donde viví me ayudó a afianzar mi creencia en que el dinero no es más que un objeto que, aunque sea "casi" imprescindible para sobrevivir, puede ser en algunos casos una confusión a la hora de definir el concepto "felicidad".
Respiré, mirando y viviendo profundamente, una "libertad limitada", una sonrisa forzada, un materialismo equivocado. A pesar de eso debo reconocer que me resultó una vida físicamente fácil, culturalmente rica, que les lleva a una vejez tranquila y risueña.
Quizá mi sinceridad ha hecho que no me resulte cómodo vivir allí, hay sentimientos que priorizo con creces respecto a otros y hay carencias con las que no estoy dispuesta a vivir.
Quiero seguir viviendo en contacto con el ser más humano posible.
Vivirlo para saberlo, estudiarlo para aprenderlo, disfrutarlo para llevarlo consigo y así seguir el camino con una sonrisa aún más grande y sincera y con más entusiasmo.
Me alegro de haber pasado por ahí y de haber aprendido tanto. Volveré.
