... ¡qué fácil es cuando no hay miedo ni pereza! Esos puntitos de locura que nos llevan a hacer cosas inesperadas, que incluso pensabamos imposibles, son de los que salen, muchas veces, las mejores aventuras.
Estambul fue un acto impulsivo, sin meditación, sin planteamiento, 'dicho y hecho' y ha merecido la pena. No sólo por la ciudad, que también, sino por lo que un cambio de aires, un reencuentro con lo 'tuyo' y encuentro con lo 'nuevo' puede aportar y animar.
Este intensivo de 48 horas ha sido suficiente para recargar pilas, para respirar aire renovado, para recuperar la 'cordura' y para demostrar una vez más que 'si quieres, puedes, sólo hay que decidirse'.
No sé si volveré a Estambul o a Turquía en general pero de momento me quedo con un riquísimo sabor de boca, de cuerpo y de alma.
Recomiendo vivir con los seis sentidos y aprovechar las aventuras intensivas e inesperadas.
domingo 14 de diciembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


0 trota-mundos:
Publicar un comentario en la entrada